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martes, mayo 11, 2010

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Siempre he querido saber...

.... la causa de esta perpetua curiosidad, de esta especie de lápida que se esgrime en mi alma y que me jala, que me exige que aclare ciertas cosas, que salga a las calles y encuentre ese pedazo que me hace falta. Un círculo que me es ajeno, pero que me pertenece al mismo tiempo. Ese lapso de tiempo antes de mí, que me hizo y designó la forma como habrían de presentarse las caras, las estaciones, la faz de mi sino. La forma en cómo el mundo me vería a los ojos, me tatuaría los pies, y mandaría a mis alrededores, de un cómo que busca manifestarse, abrirse ante mí.

No hallo otra manera de hacerlo, de circunscribirme, de alertarme sobre el estado de cosas que me significan el mundo. No encuentro otra forma de explicarme, de explicar las cosas que van más allá de mis ojos de mis manos, que no fueron, que no serán y que sin embargo, me construyeron.

No puedo extenderme sobre la piel, no puedo acercarme a esas otras mentes que obraron sin meditar sobre un futuro que les era ajeno: el mío. Sin duda fueron sus propias necesidades, ansias, anhelos, tristezas ó alegrías las que  al final se impusieron y que me dejaron desnudo, solo, en un inmenso frío, lleno de vacío, ese que siempre me marcó, situándome como el punto cardinal de un círculo que nada toca, que nada abarca y que sin embargo, existe; porque un punto siempre es el inicio de algo, de una línea que cruza, que altera, que modifica al otro.

Pretendo continuar a pesar de las noticias venidas desde lejos, de los avatares, de las primicias que puedan significar un desaliento, un pesar, una nostalgia por cosas jamás conocidas, de un algo que me fue arrebatado. No existen culpables, únicamente perviven actores de una puesta en escena, comedia de desatinos y a veces desencuentros.

A parte de una búsqueda, este es un ejercicio personal, una forma de explicar mis porqués, tanto los que me son conocidos, como aquellos otros que fueron realizados en su momento por aquellos a quienes conozco, desconozco ó conocí en algún momento, y que representan un nódulo importante en mi vida, antes y después de la desaparición de mi padre.

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miércoles, marzo 31, 2010

¿Poesía?


"La poesía -me dijo alguien conocido- sirve para llevar a las chicas lindas a la cama, de ahí en fuera, puede que no tenga ninguna otra utilidad."

Después de vagar por mares de páginas, por pasillos largos y noches sin bohemia, de dialogar con musas vivas y escritores muertos, pensé que esa frase era cierta, que los filósofos retóricos no habían vivido en vano, que su arte estaba definido y heredado.

Sin embargo, creo ahora -y en retrospectiva, digo- es cuando más perdido y marchitándome estaba. Cuando el corazón oculto -y que escribía cartitas de amor a destinatarias de la infancia-, avergonzado, maltrecho, fuera de moda, se su sumía en lugares trillados, vacíos: una copa, unos amigos, algunas lunas sin vela, un barco sin destino; una brújula sin extremos, en sábanas compartidas pero blancas.

Hace unos días -¿segundos?-, oí una frase que me gustó y me hizo reflexionar, sin duda: "no es fácil vivir siendo poeta. pero es aún más difícil vivir sin serlo."

No obstante lo atinado, aquí en África, hay algo en ella, que mantiene inquietos a los elefantes: después de sentarse al descampado, de sufrir la lluvia, el desamparo, el consumirte la piel, el desarroparte para sentir el peso de las nubes, hay una conclusión: Nadie es poeta.

Y ese Nadie que es poeta, porque sólo -y simplemente- somos, lo expresamos de manera distinta. Nos gustan las palabras, su olor, su textura, su sabor, y las rumiamos mientras pastamos, desapercibidos en el mundo actual, tan posmoderno.

Literalmente somos hojas y/o vaca. Nos fundimos en el entorno, mudamos de piel, a la espera de una presa, estirando nuestra lengua de tres metros y medio para hallarnos un momento después, bien adentro y con sorpresa. O simplemente, guisamos a fuego lento sin dejar que el agua se consuma; tres huevos, harina, mostaza, miel de abeja y pimienta al gusto...

¿Ser poeta?

Cualquiera es poeta. Sólo falta estar vivo para mostrarlo, para exhibir huesos calcinados, cicatrices, colores, y soñar con la materia de que estamos hechos.

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jueves, marzo 25, 2010

Untitled

Las nubes caen como hojas,
cada pensamiento, una voluta
un espasmo,
una razón para seguir mirando,
mientras en el cielo, el dragón blanco se despierta
y se estira,
mirando con sus ojos azules

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Primer parte del Cronopio

He comenzado este texto, como debiera iniciarse todo lo que necesita una respuesta abierta y honesta en la vida: con ingenuidad y sin prejuicios.

No busco develar la verdad de la vida, ni el universo, ni encontrar que existe una larga cadena de eventos de trascendencia histórica, ni hallar un pasado grandioso, ni encontrar que pertenezco a una larga descendencia de reyes ó aristócratas. Digo, sería lindo el detalle, podría ser sorpresivo, emocionante, no lo niego; pero no, ninguna de ellas constituyen la motivación central de este asunto.

El impulso inicial de este espacio entre líneas, en realidad, se reduce a una búsqueda personal, la cual tuvo su principio hace muchos años; pero que nunca se vió satisfecha. Puedo enumerar razones varias, muchas de ellas ni siquiera propias, sino producto de terceros, pero tampoco es una pesquisa para encontrar culpas, ni señalar responsabilidades.

Existen infinidad de razones por las cuales un individuo pudiera lanzarse camino abajo para recorrer con la mirada lo que algún día fue. No obstante, no comparto este tipo de recuento. En realidad, todo se reduce en mi caso, a un simple enunciado:

¿Quién soy? ¿Qué me hace ser quien soy? ¿La suma de qué partes puedo reconocer en mí?

Después pueden, y vienen otras interrogantes como: ¿De dónde vengo? ¿Por qué? ¿Quiénes tuvieron que ver? ¿Qué los motivó? ¿Fueron justificables sus decisiones? ¿Es posible entender a los involucrados?

Sigo inquiriendo sobre cuáles podrán ser las posibles respuestas, mientras continúo indeciso y al cobijo de este almendro a la vera del sendero. No hay ningún antecedente, ninguna anécdota previa que pueda decirme hacia dónde andar, hacia dónde debo dirigir mis pasos.

Diré -para que se tenga una idea más clara de mí- que yo siempre he creído en ese Dios, ese que que todos rechazan actualmente, pues lo consideran como un ente retrógrado, superficial é inconexo con el género humano. Nada más alejado de la realidad. Pero ésta no pretende ser una defensa ó acaso el comienzo de un debate álgido sobre la fe y la religión. Suscintamente: Yo simplemente creo.
Sé que sin su mano, no hubiera llegado muy lejos.

Para mí Dios, representa todo lo contrario, y esta búsqueda es un hecho consumado de su vivir, de su dialogar y andar conmigo, pues este devenir no podría estar completo, sino me atreviera a mencionar las formas en como él suele hablar conmigo, y para ello pondré el ejemplo más claro y reciente que tengo a la mano:

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Primer indicio

Recuerdo que mi tía Ofelia Iruegas tenía una fotografía de mi papá en un pequeño portaretrato, colocado sobre una repisa de su casa, el cual al paso de los años, tuvo un lugar privilegiado en su nuevo departamento. Sin embargo, ella falleció hace tiempo y nunca tuve la oportunidad de pedirle que me lo prestara. Tampoco me atreví a mirarlo detenidamente durante mis visitas a su hogar, no fuera ser que surgieran silencios incómodos ó miradas "extrañas" sin contestación. Siempre me arrepentí de ello, a pesar de las represalias que eso podría haber generado en casa de mi mamá.

El nacimiento de mi primer hijo en 2004, significó uno de los momentos más felices de mi existencia. Sentimiento en total contraposición a la postura que guardé durante años: no casarme y no tener hijos. Nunca antes en mi vida estuve tan feliz de haberme equivocado por completo. Dentro de todo ese gozo -de esa epifanía encarnada en mi recién nacido bebé- hubo un momento en el que me asaltó una inquietud. Todo surgió cuando mi suegra me regaló un álbum especial para rellenar con las fotos y datos más importantes en los primeros tres años de vida de mi hijo. Sus primeras palabras, su primer travesura, su primer baño... y en una de las páginas apareció un árbol genealógico... y me pregunté: ¡Bueno! ¡Y esto cómo carajos los lleno!? ¿Por dónde empiezo? ¡Sólo conozco, a lo mucho tres o cuatro espacios en todo este esquema!

Así dejé todo por la paz, no me decidí a usar dicho cuaderno, por el simple hecho que al ver el mentado árbol genealógico, no supiera cómo encararlo, qué poner para llenar los espacios vacíos. Aunque siempre mantuve un interés claro en resolver este asunto, pero sin saber a ciencia cierta cómo hacerlo. El famoso "gusanito" de la curiosidad, la semilla de la duda había sido plantada, aún más profundamente que antes.

 

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Segundo indicio

Hace unos días, para ser exactos, el Lunes 5 de febrero de 2007, ví una película en compañía de mi mujer, intitulada "Everything is illuminated", historia en la cual un hombre joven de nombre Jonathan Safran Foer, coleccionista de todo tipo de artículos, se decide, tras la muerte de su abuela y quien le entregó una foto de su abuelo -fallecido tiempo atrás- junto a una mujer desconocida. Ambas personas en la imagen (bastante maltratada por el tiempo) lucían jóvenes, y de algún modo, felices.

Para encontrar a dicha mujer, el personaje central, debió hacer (y lo mencionan en el film) una "rígida búsqueda", un viaje que al final tuvo un resultado, no inesperado, pero sí muy hermoso: el crecimiento, y la clara auto-concepción de Jonathan, de su futuro y el porqué de las cosas que siempre le rodearon. Obtuvo gracias a este periplo, una visión de sí mismo y de quienes le dieron la esencia de quién es hoy.

 

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Tercer indicio

A mediados del mes de enero de 2007, un familiar mío -para ser exacto mi primo hermano de nombre Germán Bureau Iruegas-, se comunicó conmigo después de no saber el uno del otro por aproximadamente una década. Nuestro alejamiento ocurrió un poco antes de morir su madre, es decir, mi tía Ofelia.

Germán me dijo que había encontrado el teléfono de mi madre en una antigua agenda durante una limpieza de papeles, y quería saber si el número seguía siendo el mismo. Acto seguido, habló a casa de la Familia Patiño é indagó sobre mi posible paradero. Días después -me imagino- me llamó a mi teléfono celular.

Hemos quedado de vernos para comer, entre otras cosas para saber que ha sido de nosotros y cómo nos ha tratado la vida. En mi caso, también quiero encontrarme con él para obtener una foto de mi padre. Pero aclaro, ya no la quiero tanto para mí, sino para que en un futuro próximo, mi hijo -que a la postre tiene dos años y meses, casi tres cinco, casi seis años de edad- conozca a su abuelo, quien falleció cuando yo tenía más ó menos su edad.

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Sé que existen personajes que podrían tachar esto de mera coincidencia, pero para mí la suerte simplemente no existe. Por otro lado, creo saber -e intuyo que siempre lo hice- esa parte me hizo falta desde la infancia. Fue digamoslo así, una inspiración, un acto de fe, algo que se desconoce a ciencia cierta, pero que se posee sin saber cómo.

De hecho, desconozco todo, pues nunca supe y nadie quiso decírmelo. Ninguno de mis parientes -parientes pobres, diría yo- se preocupó por un huérfano de padre y cuya madre ocultó ó quiso enterrar su pasado -lo mejor y más lejos posible- por temor, por protección, por amor ó simplemente por dolor, no lo sé.

Pero eso me dejó huérfano desde otra perspectiva, ya que sin una parte importante de mi pasado -mis raíces- no tenía posibilidad de saber los porqués. Y las personas allegadas a nosotros, incluidas las amistades, los vecinos, mi madrina y tíos maternos, únicamente sentían lástima por un vástago sin padre como yo.

De alguna forma, todo eso me hizo sentir desarraigado, fuera de contexto; pero no fue un asunto que me preocupara demasiado, al contrario, aprendí a vivir con ello, aceptándolo, asumiéndolo como parte de mi vida. De las cosas que solía contar mi madre sobre su propia familia, su papá.mamá, hermanos, tíos y primos, incluida su ascendencia, su reducido -pero feliz- árbol genealógico; me hicieron anhelar por esa ausencia.

Sin duda, mi madre tuvo algo que se negó para mí: conocer su propia historia.

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