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miércoles, marzo 03, 2010

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Prefacio

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Siempre he creído que a veces nosotros, no somos los que escogemos las tareas en la vida, sino que es totalmente lo contrario; las metas que pensamos hemos adquirido por voluntad propia, en realidad, siempre estuvieron dispuestas para nosotros, mucho antes de que nos percatáramos de ello.

Hablar de libre albedrío, predestinación y ese tipo de cosas, le produce a la mayoría de las personas una especie de rechazo instantáneo, automático. Porque no es necesario ser creyente de hueso colorado ó un verdadero fanático ó dogmático obtuso y radical para ver que muchas de esas cosas de las que hablan en los distintos tipos de fe que circulan la tierra, son reales, palpables.

Y no es un Dejá Vú, como algunos quisieran creer, a fin de sustentar su tradicional sistema de premio/castigo. Tampoco es una medida, una cuantificación. Va más allá de la simple percepción y/o coincidencia de varios factores que convergen en un solo punto. Se ubica en la consideración de factores internos y externos, en la explicación multicontextual, histórica, holística de nuestra propia vida para tratar de entendernos, de encontrar nuestros porqués... y a veces éstos arrojan una suma diferente a lo esperado.

Para hallar esos porqués, esas razones que nos formaron, que nos moldearon y de las que a veces solamente fuimos simple materia creadora; es indispensable remontarse al principio, al nacimiento, a la raíz que provocó la primera reacción, la primera relación en la cadena de eventos que se revelaron después y de los que habiendo observado el instante oportuno, pudimos "escoger libremente".

Hay quienes piensan que no somos totalmente libres, que estamos sujetos, que somos esclavos de un consenso, de los instintos, de la censura, de la sociedad, de nuestra educación, de nosotros mismos. Además insisten que aquel que se autoproclame como tal, está mintiendo.

Otros más prefieren sucumbir a la voluntad personal para hacer de su vida lo que mejor le parezca. Y vacían sus vidas en un lugar común, donde no hay nada valioso, donde el platillo se repite día tras día, hasta el hartazgo. El sitio va desde la saciedad lánguida hedonista hasta la privación de la a través de métodos de desarticulación del yo, provocando que la existencia personal se vuelva ajena, alienada.

Para unos más les resulta ofensivo referirse a Dios como parte del libre albedrío é invariablemente causa polémica su sola mención en una conversación cualquiera: que si Dios esto ó lo otro, que si no se llama así, sino Yahvé, que si Jehová es una mala traducción del nombre original, que si yo tengo una idea de él que tú no compartes, que si es injusto, que si él crea los desastres naturales, que si sólo es amor, que porqué hay que temerle, que si miedo no es lo mismo que temor, etcétera, etcétera...

Hablar de Dios es como considerar la belleza de un poema, puedes o no estar de acuerdo con la rima, la prosa poética, para resumir: la métrica; sin embargo, es plausible observar a primera vista, si el tema del mensaje habla de algo hermoso o no.

Para unos pocos reflexionar sobre sí mismo no únicamente consiste en entablar una relación ó diálogo con uno mismo y/ó con el interlocutor, implica también, reconocer la pequeñez de lo vivido, de lo fútil de la existencia propia, de lo banal, superfluo, temporal ó intrascendente que comprende el autoreconocimiento de nuestra humanidad. Asimismo la duda que se ejerce sobre la comprensión del motivo que nos mantiene aquí, de lo valiosos que podemos llegar a ser/somos, al tiempo que entendemos que no debemos vernos sólo con nuestros ojos, sino tratar de percibirnos desde otra perspectiva: la divina

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