He comenzado este texto, como debiera iniciarse todo lo que necesita una respuesta abierta y honesta en la vida: con ingenuidad y sin prejuicios.
No busco develar la verdad de la vida, ni el universo, ni encontrar que existe una larga cadena de eventos de trascendencia histórica, ni hallar un pasado grandioso, ni encontrar que pertenezco a una larga descendencia de reyes ó aristócratas. Digo, sería lindo el detalle, podría ser sorpresivo, emocionante, no lo niego; pero no, ninguna de ellas constituyen la motivación central de este asunto.El impulso inicial de este espacio entre líneas, en realidad, se reduce a una búsqueda personal, la cual tuvo su principio hace muchos años; pero que nunca se vió satisfecha. Puedo enumerar razones varias, muchas de ellas ni siquiera propias, sino producto de terceros, pero tampoco es una pesquisa para encontrar culpas, ni señalar responsabilidades.Existen infinidad de razones por las cuales un individuo pudiera lanzarse camino abajo para recorrer con la mirada lo que algún día fue. No obstante, no comparto este tipo de recuento. En realidad, todo se reduce en mi caso, a un simple enunciado:¿Quién soy? ¿Qué me hace ser quien soy? ¿La suma de qué partes puedo reconocer en mí?Después pueden, y vienen otras interrogantes como: ¿De dónde vengo? ¿Por qué? ¿Quiénes tuvieron que ver? ¿Qué los motivó? ¿Fueron justificables sus decisiones? ¿Es posible entender a los involucrados?Sigo inquiriendo sobre cuáles podrán ser las posibles respuestas, mientras continúo indeciso y al cobijo de este almendro a la vera del sendero. No hay ningún antecedente, ninguna anécdota previa que pueda decirme hacia dónde andar, hacia dónde debo dirigir mis pasos.Diré -para que se tenga una idea más clara de mí- que yo siempre he creído en ese Dios, ese que que todos rechazan actualmente, pues lo consideran como un ente retrógrado, superficial é inconexo con el género humano. Nada más alejado de la realidad. Pero ésta no pretende ser una defensa ó acaso el comienzo de un debate álgido sobre la fe y la religión. Suscintamente: Yo simplemente creo.Sé que sin su mano, no hubiera llegado muy lejos.
Para mí Dios, representa todo lo contrario, y esta búsqueda es un hecho consumado de su vivir, de su dialogar y andar conmigo, pues este devenir no podría estar completo, sino me atreviera a mencionar las formas en como él suele hablar conmigo, y para ello pondré el ejemplo más claro y reciente que tengo a la mano:
----------------
Primer indicio
El nacimiento de mi primer hijo en 2004, significó uno de los momentos más felices de mi existencia. Sentimiento en total contraposición a la postura que guardé durante años: no casarme y no tener hijos. Nunca antes en mi vida estuve tan feliz de haberme equivocado por completo. Dentro de todo ese gozo -de esa epifanía encarnada en mi recién nacido bebé- hubo un momento en el que me asaltó una inquietud. Todo surgió cuando mi suegra me regaló un álbum especial para rellenar con las fotos y datos más importantes en los primeros tres años de vida de mi hijo. Sus primeras palabras, su primer travesura, su primer baño... y en una de las páginas apareció un árbol genealógico... y me pregunté: ¡Bueno! ¡Y esto cómo carajos los lleno!? ¿Por dónde empiezo? ¡Sólo conozco, a lo mucho tres o cuatro espacios en todo este esquema!
Así dejé todo por la paz, no me decidí a usar dicho cuaderno, por el simple hecho que al ver el mentado árbol genealógico, no supiera cómo encararlo, qué poner para llenar los espacios vacíos. Aunque siempre mantuve un interés claro en resolver este asunto, pero sin saber a ciencia cierta cómo hacerlo. El famoso "gusanito" de la curiosidad, la semilla de la duda había sido plantada, aún más profundamente que antes.
----------------
Segundo indicio
----------------
Tercer indicio
A mediados del mes de enero de 2007, un familiar mío -para ser exacto mi primo hermano de nombre Germán Bureau Iruegas-, se comunicó conmigo después de no saber el uno del otro por aproximadamente una década. Nuestro alejamiento ocurrió un poco antes de morir su madre, es decir, mi tía Ofelia.
Germán me dijo que había encontrado el teléfono de mi madre en una antigua agenda durante una limpieza de papeles, y quería saber si el número seguía siendo el mismo. Acto seguido, habló a casa de la Familia Patiño é indagó sobre mi posible paradero. Días después -me imagino- me llamó a mi teléfono celular.Hemos quedado de vernos para comer, entre otras cosas para saber que ha sido de nosotros y cómo nos ha tratado la vida. En mi caso, también quiero encontrarme con él para obtener una foto de mi padre. Pero aclaro, ya no la quiero tanto para mí, sino para que en un futuro próximo, mi hijo -que a la postre tiene dos años y meses, casi tres cinco, casi seis años de edad- conozca a su abuelo, quien falleció cuando yo tenía más ó menos su edad.----------------
Sé que existen personajes que podrían tachar esto de mera coincidencia, pero para mí la suerte simplemente no existe. Por otro lado, creo saber -e intuyo que siempre lo hice- esa parte me hizo falta desde la infancia. Fue digamoslo así, una inspiración, un acto de fe, algo que se desconoce a ciencia cierta, pero que se posee sin saber cómo.De hecho, desconozco todo, pues nunca supe y nadie quiso decírmelo. Ninguno de mis parientes -parientes pobres, diría yo- se preocupó por un huérfano de padre y cuya madre ocultó ó quiso enterrar su pasado -lo mejor y más lejos posible- por temor, por protección, por amor ó simplemente por dolor, no lo sé.Pero eso me dejó huérfano desde otra perspectiva, ya que sin una parte importante de mi pasado -mis raíces- no tenía posibilidad de saber los porqués. Y las personas allegadas a nosotros, incluidas las amistades, los vecinos, mi madrina y tíos maternos, únicamente sentían lástima por un vástago sin padre como yo.De alguna forma, todo eso me hizo sentir desarraigado, fuera de contexto; pero no fue un asunto que me preocupara demasiado, al contrario, aprendí a vivir con ello, aceptándolo, asumiéndolo como parte de mi vida. De las cosas que solía contar mi madre sobre su propia familia, su papá.mamá, hermanos, tíos y primos, incluida su ascendencia, su reducido -pero feliz- árbol genealógico; me hicieron anhelar por esa ausencia.Sin duda, mi madre tuvo algo que se negó para mí: conocer su propia historia.
0 comentarios:
Publicar un comentario